Señor, ayúdame a confiar en Ti.
No permitas que la duda anide en mi alma,
pues Tú me colmas de gracia y sustento,
mientras mi carne clama por lo que no puede alcanzar.
Dame Tu claridad cuando el llanto nuble mi mirada,
y en los instantes de desamparo,
susúrrame al corazón que soy Tu hijo amado,
rama viva de Tu amor sin fin.
No me sueltes en medio de la tormenta,
porque Tú eres mi refugio en el vendaval
y mi quietud en la calma.
Enséñame a mirar más allá de veredas estrechas,
hacia horizontes que Tu mano despliega;
haz que mis pasos sigan Tu huella,
y que seas Tú quien abra el camino para yo seguirte.
Aunque camine por el desierto,
que el cansancio no me rinda,
que la sed y el hambre no me venzan,
pues Tu presencia es agua viva y pan de cielo
que me acompaña en cada respiro.
Señor, renueva en mí la confianza,
pues mi corazón y mi cuerpo son de carne,
pero mi alma es solo Tuya.
Que Tu presencia me revele que todo estará bien.
No dejes que la duda oscurezca Tu poder;
reafirma en mi espíritu que Tú eres el poder y la gloria, Señor.









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